Alcmeón de Crotona: ¿un precursor de la psicología moderna?

Resumen

Busto de Alcmeón de Crotona

Alcmeón de Crotona, que muy probablemente vivió a finales del siglo VI y principios del siglo V a. C., ocupa un lugar especial en la historia de las ideas sobre el ser humano, porque la tradición antigua le atribuye una temprana y explícita conexión de los sentidos con el cerebro, así como la distinción entre sensación y comprensión humana. La importancia de estas posiciones es grande, pero las pruebas conservadas son extremadamente limitadas y en su mayoría indirectas. El presente texto examina críticamente lo que puede sostenerse sobre su vida y su obra, su método, el funcionamiento de los sentidos, el papel del cerebro, la teoría del alma y la definición de la salud como isonomía de las fuerzas. La principal conclusión es que Alcmeón puede considerarse con razón el pensador griego más antiguo conocido al que se atribuye la conexión sistemática de todos los sentidos con el cerebro. Sin embargo, no está documentado que descubriera el sistema nervioso, que realizara disecciones humanas sistemáticas ni que formulara una teoría neurocientífica completa en el sentido moderno.

Introducción

¿Por qué nos interesa hoy Alcmeón? Evidentemente porque se le atribuye la primera conexión explícita de los sentidos y de la comprensión humana con el cerebro: una idea muy diferente en la forma, pero afín en el fondo, a la visión actual de que el órgano de la mente reside allí.

La importancia histórica de Alcmeón se sitúa en el punto de intersección entre la fisiología temprana, la indagación filosófica sobre el conocimiento y la interpretación médica del cuerpo humano. Esta posición lo hace especialmente interesante para la historia de la psicología: los testimonios sobre él no se limitan a funciones sensoriales aisladas, sino que tocan la diferencia entre percibir y comprender, la relación del cerebro con las vías sensoriales y los límites del conocimiento humano. Al mismo tiempo, el material es tan fragmentario que toda síntesis moderna debe distinguir estrictamente entre el fragmento auténtico, la paráfrasis antigua y la interpretación posterior.

Se conserva muy poca redacción auténtica y continua de su obra: unas tres líneas de un fragmento y media línea de otro, mientras que la mayor parte de lo que escribió nos es conocida por autores posteriores. Esto significa que el investigador no tiene ante sí un tratado coherente suyo, sino un conjunto de testimonios desiguales. Teofrasto, Aristóteles, Aecio, Calcidio y otros autores transmiten información de épocas diferentes, con intereses diferentes y con distintos grados de proximidad a la obra perdida.[1]

La cautela necesaria no disminuye la importancia de Alcmeón. Al contrario, permite aislar el núcleo realmente sólido de su aportación de títulos posteriores como «padre de la anatomía» o «padre de la neurociencia». Estas etiquetas son retóricas y confunden un temprano avance teórico con la demostración anatómica del sistema nervioso, mucho más tardía.

Notas:
1. Sobre la extensión sumamente limitada de los fragmentos literales y la distinción entre fragmentos y testimonios, véase Huffman 2025, apartado 1.4.

Las fuentes y los límites de la reconstrucción

La tradición antigua atribuye a Alcmeón un libro que llevaba el título convencional Περὶ φύσεως (Sobre la naturaleza). El título es probablemente una costumbre clasificatoria posterior para las obras de los presocráticos más que un título auténtico dado por el autor. El libro parece haber estado todavía disponible en el siglo IV a. C., ya que Teofrasto ofrece un relato detallado de los sentidos y Aristóteles había escrito una obra Πρὸς τὰ Ἀλκμαίωνος (Contra Alcmeón). Sin embargo, la pérdida del original hace crucial la distinción entre los fragmentos considerados literales y los testimonia, es decir, los relatos o paráfrasis antiguos.[2]

Esta distinción afecta directamente al lenguaje de la investigación. No es exacto escribir, sin matizar, que «Alcmeón dijo» algo que solo conocemos por Teofrasto o Aristóteles. Son más seguras las formulaciones «Teofrasto atribuye a Alcmeón» y «según el testimonio aristotélico». De este modo se preserva el valor histórico de la información sin convertir una fuente indirecta en palabras literales.

Posición centralCertezaFormulación segura
Conexión de los sentidos y el cerebroAltaLa tradición antigua atribuye explícitamente a Alcmeón la opinión de que todos los sentidos están conectados con el cerebro.
Distinción entre sensación y comprensiónAltaSegún Teofrasto, los animales perciben, mientras que los seres humanos además comprenden.
Anatomía sistemáticaNo documentadoPosiblemente una observación o escisión limitada del ojo de un animal, no un programa de disecciones humanas.
Descubrimiento del sistema nerviosoNo documentadoLos poroi (conductos) no pueden identificarse sin reservas con los nervios anatómicos.
La salud como isonomíaAltaAtribuye la salud al equilibrio de fuerzas opuestas y la enfermedad al predominio de una de ellas.

Notas:
2. El título tradicional Περὶ φύσεως (Sobre la naturaleza) muy probablemente no se remonta al propio Alcmeón; véase Huffman 2025, apartado 1.4.

Cronología, identidad de Alcmeón y su relación con la tradición pitagórica

Representación artística de Alcmeón de Crotona escribiendo, con dibujos de órganos sensoriales

La datación de Alcmeón sigue siendo incierta. Las propuestas recientes suelen situar su actividad o escritura entre finales del siglo VI y la primera mitad del siglo V a. C., con un intervalo probable para su libro de aproximadamente entre 500 y 450 a. C. (Huffman 2025, apartado 1.3). La incertidumbre procede de indicios antiguos problemáticos o ambiguos y no permite una datación biográfica precisa.

Debemos mostrar una cautela similar al describirlo como médico. Su vivo interés por la fisiología, los sentidos, la salud y la embriología lo vincula sin duda con la tradición médica de Crotona. Sin embargo, no tenemos pruebas directas de una práctica clínica organizada. La descripción «médico y filósofo» funciona como un resumen útil, siempre que no se presente como una identidad profesional cierta en el sentido posterior.

Su inclusión entre los pitagóricos también es discutida. La tradición antigua no es unánime, y Aristóteles distingue a Alcmeón de los pitagóricos al comparar sus teorías de los opuestos. La mayoría de las investigaciones recientes lo tratan como una figura independiente que conocía el ambiente pitagórico de Crotona, sin que sea posible considerarlo con seguridad miembro de una única escuela.[3]

Notas:
3. Sobre la reciente tendencia a considerarlo independiente de los pitagóricos, a pesar de su familiaridad con el mismo ambiente crotoniata, véase Huffman 2025, apartado 1.2.

Conocimiento, indagación e inferencia (tekmairesthai)

El único fragmento conservado de su obra es el punto más sólido para la posición epistemológica de Alcmeón. En él, la claridad que pertenece a los dioses se contrapone a la condición humana de indagación e inferencia. Los seres humanos no poseen una certeza inmediata y completa. Deben inferir a partir de signos e indicios. Esta posición es importante porque vincula el reconocimiento de los límites cognitivos con un proceso positivo de indagación y no con una renuncia al conocimiento.

El término tekmairesthai (inferir a partir de indicios) permite hablar de un método inferencial, pero no atribuir a Alcmeón una metodología plenamente desarrollada. La formulación «una metodología temprana de extraer conclusiones a partir de la evidencia» es más exacta que la etiqueta anacrónica «empirista» sin más explicación. La misma cautela se aplica a conceptos como experimento, pronóstico y método científico, que solo pueden utilizarse cuando se define con claridad su distancia histórica respecto a los conceptos modernos.

Sensación, comprensión y cerebro

El testimonio más fuerte sobre la aportación de Alcmeón procede de Teofrasto. En De sensibus 25 se informa de que Alcmeón se diferencia de otros pensadores en lo que respecta al ser humano: los demás animales perciben, pero no comprenden, mientras que en los seres humanos la comprensión se distingue de la sensación. Esta formulación introduce una distinción funcional entre la recepción de datos sensoriales y una capacidad cognitiva superior. Para la historia de la psicología, este es el avance central de su pensamiento.[4]

En el mismo relato teofrasteo, todos los sentidos están conectados de algún modo con el cerebro. El oído, el olfato, el gusto y la vista se describen con sus propios mecanismos particulares, pero convergen en un centro cerebral. Cuando el cerebro se mueve o cambia de posición, los sentidos pueden verse impedidos, precisamente porque se ven afectados los conductos (poroi) a través de los cuales operan. La explicación es primitiva desde el punto de vista de la neurofisiología actual, pero expresa una idea causal coherente: la función sensorial depende de la conexión entre los órganos de los sentidos y el cerebro.

El término «poroi» requiere cautela. Puede designar conductos o canales, pero no debe traducirse automáticamente como «nervios». Para el oído y el olfato podría referirse a cavidades visibles, como el conducto auditivo y las fosas nasales. En el caso de la vista, la hipótesis de una estructura detrás del ojo es más fuerte, pero incluso aquí la identificación con el nervio óptico sigue siendo una interpretación y no un descubrimiento anatómicamente descrito.[5]

La posición de que el cerebro es «la sede del pensamiento» es una síntesis razonable de los testimonios, especialmente cuando la distinción entre comprensión y sensación se combina con la convergencia cerebral de los sentidos. Debe reconocerse, sin embargo, que no se conserva ninguna declaración literal suya con esta formulación exacta. Más aún, la frase de que «el cerebro crea la mente», propuesta por Doty (2007), es una fuerte interpretación moderna y no la traducción de un fragmento antiguo.[6]

Notas:
4. Teofrasto, De sensibus 25. El testimonio se transmite como un relato teofrasteo de la teoría y no como un fragmento literal de la obra de Alcmeón.
5. Sobre el significado y la incertidumbre de los poroi, véase Huffman 2025, apartados 2.3–2.4; Lopez 2025, 58–61; Panegyres y Panegyres 2016, 22–23.
6. El título de Doty 2007 atribuye a Alcmeón el descubrimiento de que el cerebro «crea la mente». La formulación tiene una gran fuerza interpretativa, pero es más amplia que la evidencia antigua conservada.

La observación anatómica y sus límites

Representación artística con un esquema del ojo, el oído, el olfato y el cerebro, inspirada en la teoría de Alcmeón

Calcidio informa de que Alcmeón fue el primero en atreverse a practicar una escisión y de que su investigación se refería a la naturaleza del ojo. El testimonio se ha utilizado para respaldar la afirmación de que Alcmeón realizó disecciones. La reconstrucción más segura es mucho más limitada: quizá llevó a cabo una escisión o un examen limitado del ojo de un animal, con el fin de observar estructuras internas y una posible dirección hacia el cerebro. No hay base suficiente para disecciones sistemáticas de cuerpos enteros, y menos aún para disecciones humanas.[7]

Esta distinción es esencial para la historia de la anatomía. La clara diferenciación anatómica de los nervios sensoriales y motores y la demostración experimental de un sistema nervioso se asocian con Herófilo en la Alejandría helenística, varios siglos después. Alcmeón pertenece a la prehistoria de este desarrollo, no a su etapa anatómica madura. Su aportación reside en la conexión teórica de los órganos de los sentidos con el cerebro, no en el mapeo anatómico completo del sistema nervioso.

Por la misma razón, deben evitarse los títulos «descubrió el sistema nervioso» y «padre de la anatomía». Van más allá de la evidencia y desdibujan la diferencia entre una línea de razonamiento fisiológico temprana y una ciencia anatómica basada en la observación sistemática, la nomenclatura y la demostración repetible.

Notas:
7. Calcidio, In Timaeum 237. Sobre el posible examen limitado de un ojo y el rechazo de la disección sistemática, véase Huffman 2025, apartado 2.3; Lopez 2025, 58.

El alma y la cuestión de la inmortalidad

Aristóteles atribuye a Alcmeón uno de los primeros argumentos griegos registrados a favor de la inmortalidad del alma. El alma se considera inmortal porque se asemeja a los cuerpos celestes inmortales por su movimiento incesante. La analogía entre el alma y los cuerpos celestes en movimiento es cosmológica y cinética, no neuroanatómica.[8]

Por tanto, el argumento de la inmortalidad no debe confundirse con la teoría del cerebro. No tenemos ningún testimonio fiable de que Alcmeón situara el alma en el cerebro. La conexión del cerebro con la sensación y la comprensión no implica automáticamente que el alma se concibiera como una entidad anatómica localizada. La posición contraria, que aparece en algunas síntesis modernas de historia de la medicina, convierte una posible relación en una teoría cierta.

Del mismo modo, no hay fundamento para atribuir a Alcmeón un dualismo cartesiano de mente y cuerpo. La distinción entre sensación y comprensión se refiere a funciones y capacidades cognitivas, no a dos sustancias independientes. El uso de categorías psicológicas o filosóficas posteriores es legítimo solo como herramienta comparativa, siempre que se indique claramente que los conceptos no son idénticos.

Notas:
8. Aristóteles, De anima I 2, 405a29–b1. La presentación aristotélica vincula el alma con el movimiento incesante y no con una localización anatómica concreta.

La salud, la enfermedad y la isonomía de las fuerzas

La segunda gran aportación atribuida a Alcmeón se refiere a la definición de la salud y la enfermedad. La salud consiste en la isonomia (igualdad de derechos) de las fuerzas opuestas —lo húmedo y lo seco, lo caliente y lo frío, lo amargo y lo dulce, y otras—, mientras que la monarchia (gobierno de uno solo) de una de ellas produce la enfermedad. La salud se describe también como una mezcla proporcionada (krasis) de las cualidades. La teoría es una de las más antiguas explicaciones generales conservadas de la salud como equilibrio dinámico.

El llamado fragmento B4 no puede tratarse con seguridad como una frase literal de Alcmeón. Es un testimonio doxográfico, y la estratigrafía histórica precisa de su terminología política ha sido ampliamente debatida. No obstante, el núcleo básico —el equilibrio de muchas fuerzas frente al predominio destructivo de una sola— se considera estrechamente vinculado a su pensamiento.[9]

La metáfora política es esencial. Isonomia no denota simplemente una igualdad estática de cantidades, sino un orden en el que ninguna fuerza adquiere un dominio exclusivo. La enfermedad, correlativamente, no es meramente una falta de equilibrio; es monarchia, es decir, gobierno unilateral dentro del cuerpo. Con este lenguaje, el cuerpo se convierte en un campo de relaciones reguladas. Esta idea influyó profundamente en el pensamiento médico posterior, sin que ello signifique que toda teoría del equilibrio del corpus hipocrático dependa directa y demostrablemente de Alcmeón.

Notas:
9. Sobre la discusión filológica e histórica del llamado B4, véase Grimaudo 2025, 51–56; Huffman 2025, apartado 3.1.

Embriología, desarrollo y reconstrucciones específicas

Las fuentes doxográficas antiguas atribuyen a Alcmeón opiniones sobre el origen del semen, el desarrollo embrionario, el sueño y la muerte. En particular, se le ha asociado con una teoría encefalomielógena del semen, según la cual el semen se origina en el cerebro o en la médula. Esta atribución es interesante por la coherencia de una fisiología más amplia centrada en el cerebro, pero su forma precisa y su autenticidad siguen siendo inciertas.

El reciente estudio de Cilione (2025) examina la larga conexión entre esta teoría, la pubertad, la maduración intelectual y las posteriores clasificaciones médicas y jurídicas de la edad. Su aportación es importante para la historia de la recepción, no como prueba directa de una teoría psicoevolutiva alcmeónica completa. Las cadenas de transmisión son indirectas y pasan por múltiples contextos conceptuales e institucionales.

Influencia y recepción posterior

La influencia de Alcmeón puede discernirse tanto en la filosofía antigua como en la medicina. El hecho de que Aristóteles escribiera una obra especial contra sus posiciones, o en respuesta a ellas, demuestra que en el siglo IV a. C. se lo consideraba un interlocutor significativo. También Platón y Filolao, según investigaciones recientes, aceptaron posiciones centradas en el cerebro, sin que ello permita siempre establecer una genealogía directa segura.

Las afinidades con el corpus hipocrático son significativas, en particular en lo que respecta al equilibrio de las fuerzas y al papel del cerebro. Sin embargo, el término «influencia» debe utilizarse con gradación. Las preguntas compartidas, un entorno geográfico e intelectual común o un desarrollo paralelo también pueden explicar las similitudes. La propuesta de Gambetti (2025) de una posible influencia sobre Parménides es una hipótesis específica interesante, pero ni la datación ni la dirección de la relación han sido demostradas.

Una cautela similar exige la propuesta de Lopez (2025) de una influencia egipcia en la teoría alcmeónica de los sentidos y de los poroi. La lectura comparada del testimonio teofrasteo junto con las tradiciones egipcias pone de relieve posibles analogías y un entorno mediterráneo más ampliamente interconectado. Las analogías, sin embargo, no prueban por sí mismas una transmisión directa ni un canal histórico concreto.[10]

En la historiografía más reciente, Alcmeón se presenta con frecuencia como un precursor de la neurociencia. Esta presentación tiene valor pedagógico, siempre que se indique que se trata de una ubicación retrospectiva. Allbutt (1918), al comentar el estudio de Stratton sobre la psicología fisiológica anterior a Aristóteles, aporta evidencia de esta historia más antigua de la recepción y no una fuente primaria independiente sobre Alcmeón.

Notas:
10. La hipótesis comparativa se desarrolla en Lopez 2025. La similitud entre tradiciones es un indicio que debe investigarse, no una prueba independiente de un préstamo histórico.

Conclusión

La valoración histórica más segura es a la vez más limitada y más sustancial que los habituales títulos honoríficos. Alcmeón es el pensador griego más antiguo conocido al que la tradición antigua conservada atribuye explícitamente la conexión de todos los sentidos con el cerebro. En el mismo contexto, la comprensión humana se distingue de la mera sensación. Estas dos posiciones forman un núcleo de gran importancia para la historia de la psicología, porque vinculan la singularidad cognitiva del ser humano con una organización corporal y, más concretamente, cerebral.

No es necesario convertir a Alcmeón en un neurocientífico moderno para reconocer su originalidad. No están documentados el descubrimiento del sistema nervioso, las disecciones humanas sistemáticas, la localización anatómica del alma en el cerebro ni un dualismo cartesiano. El posible examen del ojo y la teoría de los poroi muestran audacia observacional, pero deben mantenerse en el nivel que permite el testimonio.

La teoría de la isonomia añade una segunda dimensión: el organismo se concibe como un equilibrio de muchas fuerzas y la enfermedad como un predominio unilateral. Junto con la inferencia a partir de la evidencia y el reconocimiento de los límites del conocimiento humano, esta teoría muestra a un pensador que trató de explicar al ser humano mediante relaciones naturales coherentes. Su significado histórico reside precisamente en este giro: no en poseer la respuesta moderna, sino en formular preguntas y conexiones que hicieron posible una nueva indagación sobre el cuerpo, la sensación y el pensamiento.

Bibliografía

Allbutt, C. (1918). Theophrastus and the Greek physiological psychology before Aristotle. The Classical Review, 32(5–6), 117–120. https://doi.org/10.1017/S0009840X00011628

Celesia, G. G. (2012). Alcmaeon of Croton’s observations on health, brain, mind, and soul. Journal of the History of the Neurosciences, 21, 409–426. https://doi.org/10.1080/0964704X.2011.626265

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Debernardi, A., Sala, E., D’Aliberti, G., Talamonti, G., Franchini, A. F., & Collice, M. (2010). Alcmaeon of Croton. Neurosurgery, 66, 247–252. https://doi.org/10.1227/01.NEU.0000363193.24806.02

Doty, R. W. (2007). Alkmaion’s discovery that brain creates mind: A revolution in human knowledge comparable to that of Copernicus and of Darwin. Neuroscience, 147, 561–568. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2007.02.046

Gambetti, F. (2025). Knowledge and perceptions between Alcmaeon and Parmenides. Medicina nei Secoli, 37(3), 31–50. https://doi.org/10.13133/2531-7288/3181

Grimaudo, S. (2025). Again on fragment 4 D.-K.: Alcmaeon and Galen compared. Medicina nei Secoli, 37(3), 51–56. https://doi.org/10.13133/2531-7288/3182

Huffman, C. A. (2025). Alcmaeon. The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Substantive revision 18 July 2025.

Lopez, F. (2025). New remarks on the relationship between Alcmaeon and the Egyptian medical tradition. Medicina nei Secoli, 37(3), 57–80. https://doi.org/10.13133/2531-7288/3183

Panegyres, K. P., & Panegyres, P. K. (2016). The Ancient Greek discovery of the nervous system: Alcmaeon, Praxagoras and Herophilus. Journal of Clinical Neuroscience, 29, 21–24. https://doi.org/10.1016/j.jocn.2015.10.047

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